El Domingo salí de paseo por el Parque España y trate de observar en aquella pequeña porción verde que forma parte de la ciudad de Rosario, qué objetos habitaban allí, cuáles estaban de paso, y cuales viven ahí aún cuando todos desaparecen. Es frecuente encontrar a este lugar, sobretodo los fines de semana, colmado de personas en movimiento, apropiándose de los objetos que están allí estáticos, y que parecen cobrar vida cuando los sujetos le dan uso.
Al principio me costó poder observarlos, ya que suelen pasar desapercibidos entre medio de la masa. Pero después de recorrer el parque durante un tiempo determinado, empecé a detenerme frente a ellos y a observar el uso que la gente hacía de los mismos. “Los no humanos escapan doblemente a los rigores de objetividad: no son ni objetos conocidos por un sujeto ni objetos manipulados por un amo, y tampoco son ellos mismos amos de nada”. –dice Latour
Por ejemplo un simple tacho de basura es uno de esos objetos fijos cuya función es necesaria sólo cuando la gente habita aquel lugar y tiene que tirar residuos, la yerba que hay que cambiar cuando se toma mate, comida que sobra, etc. Esto me llevó a pensar que aquel tacho, objeto totalmente inanimado, quedaría solo y abandonado y sin uso alguno en esos días fríos de invierno donde la gente prefiere quedarse en casa. Pero aquel tacho sigue ahí, haga frío o calor, llueva o truene, como un “agente humano” esperando ser utilizado en el próximo encuentro con algún humano. Igualmente situados estaban los famosos juegos rojos del Parque España, siempre presente, pero esta vez llenos de chicos jugando parecían tener vida propia.
Según Bruno Latour, “los materialistas plantean que nuestras competencias como sujetos, dependen de lo que tengamos entre las manos”. Se me vinieron a la mente las fotos que les saqué a los niños en el parque, había un nene andando en rollers y una nena en autito. Los chicos se convirtieron, junto con estos objetos- tecnologías, en actores híbridos compuestos, donde sujeto- objeto se unen para formar una nueva proposición, para convertirse en “alguien” distinto. Este ejemplo es claro en los niños que al tener estos juguetes en sus manos, se sienten más grandes y más libres. La nena salía en el autito sin importarle lo que le dijera la mamá, ella desde el momento en que se subió al autito tenía el dominio de la situación.
También fotografié a un cochecito vacío donde se notaba que ahí había algo que faltaba.
“Un objeto sustituye a un actor y crea una simetría entre los creadores ausentes y los usuarios ocasionales. Sin esta transformación seríamos incapaces de comprender como es posible que un enunciador se encuentre ausente, ya que tendemos a pensar que si no está ahí es que no existe”. Ese vacío que espera ser llenado por el sujeto para completar la función de este artefacto.
También observé algunas tecnologías que le permiten al sujeto transportarse en el espacio, además de los patines que ya los mencioné, estaban los vendedores ambulantes en sus bicicletas con su mercadería (churros, pasteles, tortas fritas), y los “pochocleros”, que son la figura prototípica de este sitio y que sin sus “carros” no podrían constituirse como los sujetos-objetos que lo definen en su rol de trabajadores.
Después de todo estamos llenos de tecnologías, objetos, artefactos, actores no humanos, llámeselos como se los llame son tan parte de nuestra vida y por eso es muy difícil separarlos de nuestro hábitat natural, incluso en esos lugares al aire libre donde uno sale el día de descanso semanal a “desconectarse” (qué paradoja) de la urbe, de las tecnologías. Incluso ahí también están, y por más que hagan menos ruido son parte de nuestro lenguaje corporal. No sé hasta donde necesarios, pero nos facilitan la vida.
Al principio me costó poder observarlos, ya que suelen pasar desapercibidos entre medio de la masa. Pero después de recorrer el parque durante un tiempo determinado, empecé a detenerme frente a ellos y a observar el uso que la gente hacía de los mismos. “Los no humanos escapan doblemente a los rigores de objetividad: no son ni objetos conocidos por un sujeto ni objetos manipulados por un amo, y tampoco son ellos mismos amos de nada”. –dice Latour
Por ejemplo un simple tacho de basura es uno de esos objetos fijos cuya función es necesaria sólo cuando la gente habita aquel lugar y tiene que tirar residuos, la yerba que hay que cambiar cuando se toma mate, comida que sobra, etc. Esto me llevó a pensar que aquel tacho, objeto totalmente inanimado, quedaría solo y abandonado y sin uso alguno en esos días fríos de invierno donde la gente prefiere quedarse en casa. Pero aquel tacho sigue ahí, haga frío o calor, llueva o truene, como un “agente humano” esperando ser utilizado en el próximo encuentro con algún humano. Igualmente situados estaban los famosos juegos rojos del Parque España, siempre presente, pero esta vez llenos de chicos jugando parecían tener vida propia.
Según Bruno Latour, “los materialistas plantean que nuestras competencias como sujetos, dependen de lo que tengamos entre las manos”. Se me vinieron a la mente las fotos que les saqué a los niños en el parque, había un nene andando en rollers y una nena en autito. Los chicos se convirtieron, junto con estos objetos- tecnologías, en actores híbridos compuestos, donde sujeto- objeto se unen para formar una nueva proposición, para convertirse en “alguien” distinto. Este ejemplo es claro en los niños que al tener estos juguetes en sus manos, se sienten más grandes y más libres. La nena salía en el autito sin importarle lo que le dijera la mamá, ella desde el momento en que se subió al autito tenía el dominio de la situación.
También fotografié a un cochecito vacío donde se notaba que ahí había algo que faltaba.
“Un objeto sustituye a un actor y crea una simetría entre los creadores ausentes y los usuarios ocasionales. Sin esta transformación seríamos incapaces de comprender como es posible que un enunciador se encuentre ausente, ya que tendemos a pensar que si no está ahí es que no existe”. Ese vacío que espera ser llenado por el sujeto para completar la función de este artefacto.
También observé algunas tecnologías que le permiten al sujeto transportarse en el espacio, además de los patines que ya los mencioné, estaban los vendedores ambulantes en sus bicicletas con su mercadería (churros, pasteles, tortas fritas), y los “pochocleros”, que son la figura prototípica de este sitio y que sin sus “carros” no podrían constituirse como los sujetos-objetos que lo definen en su rol de trabajadores.
Después de todo estamos llenos de tecnologías, objetos, artefactos, actores no humanos, llámeselos como se los llame son tan parte de nuestra vida y por eso es muy difícil separarlos de nuestro hábitat natural, incluso en esos lugares al aire libre donde uno sale el día de descanso semanal a “desconectarse” (qué paradoja) de la urbe, de las tecnologías. Incluso ahí también están, y por más que hagan menos ruido son parte de nuestro lenguaje corporal. No sé hasta donde necesarios, pero nos facilitan la vida.
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